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Me ha gustado encontrar el primer comentario a mi cuaderno, porque tenía miedo de que nadie me leyera.
Gracias a la autora de "Algo personal", porque me ha demostrado que, igual que yo navego por las páginas ajenas, otros también curiosean la mía.
Pero el problema esencial continúa ahí: ¿De qué hablar?
Si, como decía el filósofo, de lo que no es posible hablar, lo mejor es callar, ¿de qué voy a hablar yo?
Callemos pues.
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Es curioso como la lectura de un libro nos impulsa, nos arrastra incluso, a leer otros, que a veces permanecían ocultos y silenciosos en la estanteria desde tiempo atrás.
El último libro que leí el año pasado fue "Anotaciones de Jakob Littner desde un agujero bajo tierra", de Wolfgang Koeppen, el relato estremecedor de un judío alemán desde 1938, cuando regentaba un próspero negocio de filatelia en Munich, hasta 1945, tras ser liberado por el Ejercito Rojo del agujero bajo tierra en que había visto obligado a pasar los últimos dos años de la guerra.
La persecución de los judíos y su expulsión de Alemania, primero, y las matanzas sufridas en Polonia y Ucrania, más tarde, conforman un retrato que debería ser de lectura obligatoria para todos los humanos de la barbarie de la especie.
Pues bien, al concluir la lectura de este pseudodiario no tuve más remedio que embarcarme en ese trasatlántico de páginas que es "Bella del señor", de Albert Cohen, un libro que llevaba dormido en mi biblioteca desde que lo compré, hace más de 15 años, y que nunca había encontrado ocasión para ser leído.
Los amores de Solal, el judío protagonista, y Ariane, en la Europa de la Sociedad de Naciones, en torno a 1935, completan, al mostrar el panorama previo al estallido de la guerra, la visión que sobre el holocausto me han pintado desde difrentes ángulos los textos de Primo Levi, el "Eichman en Jerusalén" de Hanna Arendt, el libro y la película sobre "El pianista del gueto de Varsovia", el viejo ocumental "Shoah",...
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Acabo de descubrir, con asombro y preocupación, que el nombre que le he dado a esta bitácora o diario es el mismo que ha elegido Palcal Quignard, el escritor francés, para titular su última novela (al menos en su traducción al español).
El asombro viene del hecho de coincidir en gustos, preferencias, palabras, con un autor reconocido, aunque sea por azar y yo pretenda creer que por necesidad.
La preocupación la motiva constatar que yo me he enterado de la coincidencia ayer, día 16 de enero de 2005, debido a la tardía lectura de un ejemplar de "Babelia" de EL PAÍS publicado el pasado 8 de enero, es decir tres días antes pues de crear esta dirección o cuaderno con el nombre de "Vida secreta", y pensar que nadie va a creer que mi elección fue anterior al conocimiento del libro de Quignard.
En cualquier caso, todo son divagaciones sin sentido, en unos días en que las personas mueren y desaparecen víctimas de maremotos, explosiones de gas, bombardeos, atentados suicidas, asesinatos selectivos,...
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Presentación del cuaderno de bitácora
Nunca se me ha dado bien escribir.
Comienzo este diario digital por expresa recomendación del psicólogo de empresa.
Este abnegado compañero estima conveniente para la salud mental de quienes trabajamos en el archivo y pasamos tantas horas y tantos días ociosos bajo tierra (a la espera de pedidos del resto de departamentos) que dediquemos algún momento de la larga jornada laboral a plasmar en palabras lo que en nuestras mentes sólo son intangibles chispazos neuronales.
Sé que me va a costar transformar esos chispazos en frases coherentes, pero lo voy a asumir como uno de esos inevitables buenos propósitos con que los mortales iniciamos cada año nuevo, al menos desde que se inventó el calendario.
Saludos pues a todos los bitacoreros.
Y ánimo.